miércoles, 25 de febrero de 2026

 

   TOLEDO, MIL HISTORIAS QUE CONTAR 

Cuando se llega por carretera a Toledo desde Madrid, , sorprende descubrir esta gran escultura, sobre alzado pedestal, y que se instaló  en el año 2003, dedicada al rey  Alfonso VI (¿1040?-Toledo 1109) que conquistó Toledo en 1085,  el mismo año en que también ocupó Magerit (Madrid). 

Es obra del escultor Luis Martín de Vidales (Villaviciosa de Odón, 1950). La estatua mide 6,40 m. de alto y pesa más de 6.500 kilos. En el amplio pedestal y en el entorno que rodea al monumento, vemos muestras del  reconocimiento a las tres culturas toledanas de la época: judía, musulmana y cristiana.

El nombre de Toledo proviene de "Toletum", que significa: "levantado en alto", y desde 1987 es una ciudad Patrimonio de la Humanidad.


 Según dejó dicho y con mucha razón don Benito Pérez Galdós:

        "Toledo es una Historia de España completa". 

 Algunos historiadores opinan que fue fundada por Roma en el 192 a.d.C. convirtiéndola en una plaza fuerte por su magnífica situación...  Mucho más tarde, en el 418 llegaron  los visigodos y tres siglos después, desde el 711 y durante cuatro siglos, fue sarracena... A continuación perteneció al Reino de Castilla-León y, a partir de los Reyes Católicos, a la Monarquía.

 Así que Toledo recibió el gran depósito de todas estas diferentes culturas y residieron Reyes y se celebraron Cortes e importantes Concilios. En la Plaza de Zocodover, se hablaron todas las lenguas de Europa.

La más remota referencia al Obispado de Toledo es del inicio del siglo IV, pues así quedó reflejado en las actas del Concilio de Elvira, celebrado en Granada, del 300 al 303. Y fueron tiempos muy crueles para los cristianos, debido a la persecuciones ordenadas por el Emperador Romano  Diocleciano,

Y en una de ellas murió martirizada en Toledo, la joven  Leocadia, una de las santas de culto más antiguo de España,​ ya citada en los calendarios de los  mozárabes (así se denominaban a los hispano-romanos que vivían en territorio musulmán durante la dominación islámica). La prisión y muerte de Leocadia fue narrada en un relato del siglo VII.

El convulso siglo VI

 Tras la caída del Imperio-Romano, los visigodos fueron derrotados por los francos en el año 507 en la batalla de Vouille viéndose obligados a desplazarse con su población a Hispania. Su nueva capital la situaron en Toledo y aunque no se tiene constancia del momento exacto, se cree que fue durante el reinado de Atanagildo (555-567).

La posterior conversión del rey Recaredo, divide su historia en dos grandes períodos: el Reino visigodo arriano, que duró 82 años (507-589) y el Reino visigodo católico (589-711) de 122.

            El cuadro de Muñoz Degrain

En el año 589 el Rey Recaredo,  en el III Concilio de Toledo,  adjuró del Arrianismo, la religión oficial del pueblo godo en su reino, en presencia de su esposa la reina Badda y del Arzobispo Leandro, con la consiguiente integración de los hispano-romanos en el estado visigodo. 

 El pintor Antonio Muñoz Degrain (Valencia 1840-Málaga 1924) realizó este cuadro en óleo sobre lienzo, de 350x550 cm. y que se encuentra en el Senado. 

 En el año 610 los Visigodos hicieron a Toledo la capital más rica y esplendorosa de su reino... pero cien años después,  la irrupción islámica, a partir de la batalla de Guadalete en el 711 puso fin al Reino visigodo de Toledo. Sólo los mozárabes (hispano-romanos que vivían en territorio musulmán en la península ibérica durante la dominación islámica) quedaron en ella con su propio culto.

 Tanto hay que conocer la historia de Toledo y tanto que admirar en ella, que hay que  recorrerla poco a poco...y sin prisas. 

Si nos situamos en lo más alto del complejo de San Pedro Mártir, pegado a la iglesia de san Román y a la de san Clemente, nuestra admiración no tendrá límites, pues allí a nuestros pies estaba la mara­villa de la ciudad de Toledo , y la altane­ra torre de la Catedral Primada, rodeada por el apretado caserío, casi a nuestra misma altura...y también el Alcázar...  ¡Un grandioso escena­rio!...

 Nuestra admiración no tuvo límites: allí estaba la mara­villa de la ciudad de Toledo a nuestros pies, y la altane­ra torre de la Catedral Primada, rodeada por el apretado caserío, casi a nuestra misma altura...y también el Alcázar ¡Un grandioso y maravilloso escena­rio!



 

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