domingo, 9 de julio de 2017

Consuegra, molinos y castillo

Consuegra nos resulta familiar desde que la divisas en la lejanía con sus doce molinos sobre el cerro del Calderico...




quizá porque es la imagen que en nuestra imaginación siempre aparece cuando nombramos La Mancha...que está unida en nuestro subconsciente colectivo a don Quijote  y su lucha contra los molinos de viento...


 
  Los Molinos de viento y el Quijote

Tuve la gran suerte de escuchar hace unos años en Alcalá de Henares una magnífica conferencia de don José María Paz Gago, catedrático  de Teoría de la Literatura en la Universidad de la Coruña, con el siguiente título: "Molinos, aceñas y batanes: pretecnología en el Quijote". Y es que una vez más esta obra de Cervantes nos asombra por la cantidad de perspectivas diferentes desde las que se puede estudiar.


En este caso lo que supusieron los molinos como avance puntero y precursores de la técnica en la futura industrialización, es una de estas evidencias...porque como dijo Ortega y Gasset 
La técnica es la reforma que el hombre impone a la Naturaleza en vista de la satisfacción de sus necesidades.    


En La Mancha (cuyo nombre procede de Al-Ansha que significa tierra seca o tierra sin agua) - nos explican en un oportuno folleto junto al dibujo de su esquema - al no haber ríos que sirvieran como fuente de energía y donde el cereal practicamente era un monocultivo, para transformar el trigo en harina se recurrió a la fuerza del viento. El funcionamiento es algo sencillo pero a la vez curioso. Una vez orientada la cúpula  y puestas las aspas frente al viento se procede a cubrir estas con telas o lonas. Las aspas transmiten el movimiento al eje y este, por medio de una serie de mecanismos de engranaje, a dos piedras o muelas que trituran el trigo formando la harina.  



¿Cuando inició Cervantes la escritura de este monumento de la Literatura Universal? Recordemos ahora que Cervantes llegó  Sevilla en 1585, con 39 años, acababa de publicar la primera parte de La Galatea y se habia casado el año anterior con Catalina de Salazar. Su presencia en la ciudad duró hasta 1600. Tenía un laborioso y comprometido trabajo como empleado de la Hacienda real para recaudar impuestos...y fue injustamente acusado y  apresado en 1597 en la terrible cárcel real de Sevilla, situada en la famosa calle de las Sierpes, al quebrar la banca en la que había depositado el dinero recaudado de los citados impuestos.

Él mismo escribió en el prólogo de la primera parte del "Ingenioso hidalgo":

    ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?

                                        


Pues bien, justo por aquellos tiempos se habían empezado a multiplicar por La Mancha los enormes y blancos molinos de viento (hubo también los llamados "de sangre" con tracción animal y los de agua) gigantes con gigantescas aspas cuyo estruendo impresionaba y asustaba. 



Así que a  don Quijote aquellas enormes aspas girando con estruendo le trasportaron al mundo medieval, con sus gigantes que guardaban tesoros y raptaban princesas a las que los caballeros andantes tenían el deber de salvar...pero, en este caso,  los perversos encantadores transformaron en molinos a los gigantes para arrebatarle la gloria tan merecida por su valor... Que no hizo caso de lo que le decía Sancho:
 Mire vuestra merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
Pero don Quijote tras su fracaso se justificó diciéndo:
...que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto a estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento   
(Capítulo VIII de la primera parte)

En Consuegra se conservan 12 de los trece que hubo, y cada uno tiene su nombre propio: Clavileño, Espartero, Rucio, Caballero del Verde Gabán, Chispas, Alcancía, Cardeño, Vista Alegre, Sancho, Mochilas, Mambrino y Bolero (este último se visita por dentro y explican su funcionamiento).

Ayer mismo en una exposción de carteles de cine español, en CentroCentro, pude captar   (con el episodio de "los Molinos de Viento" precisamente) el de la película sobre Don Quijote de la Mancha, del año 1947, del director Rafael Gil, y con actores como Rafael Rivelles, Juan Calvo, Fernando Rey, Guillermo Marín, Paco Rabal, Sara Montiel...Con música de Ernesto Halffter, producida por CIFESA (Compañía Industrial Film Español S.A.)

 El castillo de Consuegra

"...Era en aquel tiempo Consuegra y su territorio, a la vez llave y baluarte de España". Conde de Cedillo


Del siglo X al XIII se fue construyendo este castillo fuertemente defensivo, que ocupó el lugar de una antigua fortificación romana, que posteriormente fue ocupado por los árabes.

Alfonso VI de Castilla (1043, Santiago de Compostela, Toledo1109), el rey al que El Cid hizo jurar en Santa Gadea de Burgos que no había participado en la muerte de su hermano Sancho, fue  el rey que conquistó Toledo y Madrid y que también estuvo defendiendo este castillo, donde tuvo lugar el 15 de agosto de 1097 la batalla llamada de Consuegra, que enfrentó al ejército del rey Alfonso VI contra las fuerzas almorávides del emir Yusuf ibn Tasufin. 


.El  monumento a Alfonso VI se instaló en el 2003 en la entrada a Toledo por la antigua carretera de Madrid. El autor y donante de la obra es el escultor Luis Martín de Vidales
Alfonso VI perdió muchos hombres en esta batalla, pero uno de ellos destaca en la historia sobre los demás: se trata de Diego Rodríguez, único hijo varón del Cid Campeador, en cuyo recuerdo a su valor y muerte se celebran cada año en el mes de agosto, desde 1997, en Consuegra unas representaciones que durante tres días transportan la localidad a la época de la Reconquista. 

Alfonso VI fue un personaje real, pero en su vida se mezclan tantas leyendas e imprecisiones históricas que en cada autor se encuentran referencias distintas, e incluso se ha tardó mucho en saber realmente donde estaba enterrado, tras su fallecimiento en el año 1109. 

Falleció al año siguiente de que lo hiciera Sancho, su único hijo varón, nacido de su relación con Zaida, la princesa árabe que fue nuera de Al-Mutamid. Ella fue la que proporcionó al rey castellano-leonés, como dote al casarse con él (unas crónicas relatan que primero fue concubina y después esposa, bautizada con el el nombre de Isabel) las posesiones de Cuenca, Ocaña, Consuegra y Uclés. 

 En 2008, en un inolvidable viaje camino de León, paramos en Sahagún, que en todos los libros de Arte está representado por la original torre de la iglesia de San Tirso
una de las primeras iglesias románicas (primeras décadas del s. XI) en las que se comenzó a reemplazar la piedra por el ladrillo, uno de los materiales específicos utilizados por los árabes en sus construcciones, en una afortunada simbiosis, que asombra por su especial belleza.

 
Iglesia de San Tirso en Sahagún

Pues aquí en Sahagún descubrimos su enterramiento que, en un principio, estuvo en el grandioso Monasterio-Abadía de San Benito, del que ahora sólo queda su monumental puerta que da entrada al pueblo. Junto a sus ruinas está el Monasterio de las Benedictinas de la Santa Cruz, en cuya iglesia nos enseñaron dos pequeños y sencillos enterramientos, el del rey Alfonso VI a un lado del altar mayor, y al otro descansan cuatro de sus cinco esposas...entre ellas Zaida-Isabel que al parecer murió h.1101 en un parto cuando aproximadamente tendría 30 años.  Nos recordaron las religiosas que en el 2009 se iban a cumplir nada menos que 900 años de la muerte del rey.
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Pero sigamos en Consuegra y su sólido y austero castillo,
Fue en el año 1183, cuando por donación de Alfonso VIII el castillo de Consuegra pasa a ser de dominio de la Orden de San Juan de Jerusalén que situó en ella la capital de su Priorato de La Mancha.


 
 Este castillo merece una detenida visita guiada pues es de los mejor conservados en su austeridad en la que se aprecia perfectamente su fuerte caracter defensivo; es notable su gran algibe y no hay que dejar de admirar las manchegas vistas de dilatados horizontes que desde él se dominan

 



 Su situación le hizo ser codiciado también por los franceses en la cruenta guerra de la Independencia según podemos leer 



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