
Seguimos visitando las iglesias de Serrablo. Todas ellas situadas en la margen izquierda del río Gállego, todas en pequeñas aldeas que incluso han desaparecido.

Tras la de san Pedro de Lárrede nos dirigimos, poco más allá, a la de San Juan de Busa, ubicada en mitad de un prado y cuya ruina inminente fue la gota que colmó el vaso de la paciencia y puso en marcha la Asociación que volcó en su reconstrucción todo su empeño. Y fue un buen empiece.



Su sencillo ábside se recorta contra el cielo



Nos dirigimos a Gavín en la zona norte de la comarca que es donde se encuentran las iglesias más primitivas del mozárabe serrables, de tradicción visigótica. Llegamos un atardecer lleno de sol, que hace brillar las flores que hay por balcones y calles del pueblo.



al borde de la pequeña carretera, con un área de descanso muy próxima y apetecible

La torre de san Bartolomé es la más original: debajo del tejaroz vemos el clásico friso de baquetones y ventanas ajimezadas de tres arquitos de herradura, y bajo ellas dos rosetas en cada cara

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