sábado, 30 de enero de 2016

RAMÓN DE CAMPOAMOR. SI LAS ESTATUAS PUDIESEN HABLAR

RAMÓN DE CAMPOAMOR. SI LAS ESTATUAS PUDIESEN HABLAR.



El otro día un amigo me dijo que por qué no hacía  post del precioso e histórico parque del Buen Retiro... Primero le recordé que tengo varios ya hechos, pero después reconocí que efectivamente faltan muchos... 





En realidad este parque, además de precioso jardín, es un gran museo de escultura al aire libre y recordando que hace un tiempo incluí algunos  de sus monumentos en la serie de "Si las estatuas hablasen" (El Ángel Caído, Dante Alighiere...)  he decidido retomar el tema y he vuelto a pasearlo tranquilamente  y en primer lugar me he detenido ante la escultura dedicada a Ramón de Campoamor (Navia Asturias 1817-Madrid 1901) ubicada en el Paseo de Fernán Núñez (más conocido como el Paseo de coches) que esculpió en 1914 Lorenzo Coullaut-Valera (Marchena Sevilla 1876-Madrid 1932).



Seguramente el escultor se inspiró en aquella rima fácil o ripio de Campoamor que a edad avanzada escribió: 

Las hijas de las madres que amé tanto, me besan ya como quien besa a un santo... 



 Vemos a un venerable anciano sentado en un banco con su bastón y rodeado de tres mujeres de tres generaciones, ¿madre, hija y nieta? que le rodean solícitas y cariñosas...


 Campoamor salió pronto de su Asturias natal y vino a Madrid a estudiar y sin una vocación decidida se matriculó en Medicina, dándose muy pronto cuenta de que ese no era su camino. Menos mal que un buen profesor le aconsejó que no insistiera con la Medicina y que se dedicara a las Literatura. Esta había sido en realidad su pasión y aquí en Madrid dedicaba muchas horas a la lectura de los clásicos en la Biblioteca Nacional. Así que apoyado por Espronceda (Almendralejo, Badajoz 1808-Madrid 1842) empezó a colaborar en publicaciones románticas y como redactor de varios periódicos, y con 20 años inicia la publicación de obras de teatro y también empieza a escribir poesía, primero romántica, como Espronceda, pero luego se va decantando por un estilo que será el que le ha caracterizado, sus "doloras" y "pequeños poemas" y "humoradas", ya dentro del realismo. Él mismo las definió así:
¿Qué es una humorada? Un rasgo intencionado ¿Y dolora? Una humorada convertida en drama ¿Y pequeño poema? Una dolora amplificada... 

Campoamor se sintió atraído por la corriente filosófica positivista y en esa línea publicó en 1846  "La Filosofía de las leyes" obra muy atacado por la censura por considerar que contenía «proposiciones contrarias a la doctrina católica, erróneas o inductivas a error, falsas, inmorales y ofensivas e injuriosas a nuestra religión y a sus santas instituciones».

También por esa época se introdujo en la política y fue nombrado  gobernador civil de Alicante (de 1848 a 1851) donde dejó buena huella, según podemos leer en este oportuno blog, que nos habla y nos muestra el Paseo que Campoamor propició en la ciudad, y que aún lleva su nombre. También en su vida personal Alicante le fue propicia, pues allí conoció a Guillermina O`Gorman, hija de una distinguida familia irlandesa, con la que contrajo matrimonio en 1849 en la concatedral de San Nicolás de Bari.

En 1850 ocupa un escaño en el Congreso de los Diputados, y pasa a ser gobernador de Valencia; cuatro años después es diputado a Cortes por el partido conservador y más tarde nombrado director general de Beneficencia y Sanidad, consejero de Estado y Académico de la Lengua (en el sillón de la E mayúscula) y Senador del Reino.

 Tuvo una gran fama como poeta en su tiempo Rubén Darío (Nicaragua 1877-1916) dijo de él  en un poema que la poesía de Campoamor "«deja en los labios la miel / y pica en el corazón».  Falleció en Madrid a la edad de 83 años. Sus restos se encuentran en el cementerio de San Justo.

Volviendo a su Monumento en el madrileño Parque del Retiro vemos a cada lado dos pedestales con pequeñas figuras sobre ellos. Ambos hacen referencia a sendos poemas; el de la izquierda escenifica uno de los más conocidos,  el titulado "¡Quien supiera escribir!"

Una joven acude al cura de su pueblo para que le escriba una carta a su novio, ya que ella no sabe escribir. El cura va "adivinando" todo lo que ella quiere decir y cuando la jovencita se extraña de ello él la responde: "Para un viejo una niña siempre tiene el pecho de cristal".
Finalmente no se atreve a dictar al cura sus sentimientos más profundos y amorosos...y emite una queja dolorida "Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!"...

 En el otro pedestal hay una pequeña figura de un gaitero...Evoca otro de sus poemas "El Gaitero de Gijón" que se inicia así: Ya se está el baile arreglando/ Y el gaitero ¿dónde está?/ "Está a su madre enterrando,/pero enseguida vendrá"



 Recomiendo leer, para una mejor comprensión de Campoamor,  este artículo que apareció en el Boletín de la Academia Argentina de las Letras en 2001, centenario de su fallecimiento.

 

 Y como otra muestra de que Campoamor  fue muy querido y valorado como poeta en su època, en  el Museo del Prado podemos contemplar 
 (Sala 063B) un cuadro de 1846, pintado por  Antonio María Esquivel (Sevilla 1806-Madrid 1857) titulado "Los poetas contemporáneos. Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor", en cuyo centro se encuentra Zorrilla leyendo y muy cerca de él el propio Esquivel pintando... algo más a la derecha vemos un cuadro situado en el caballete, con la imagen de Espronceda  y bajo él está representado Campoamor, un joven de negra barba que mira en otra dirección mientras  habla con Pedro de Madrazo... 
 Este cuadro tiene además un emotivo origen, pues fue al parecer fruto del agradecimiento del pintor sevillano hacia sus amigos y compañeros, poetas y pintores, que ante la grave enfermedad que le dejó practicamente ciego en 1839 subvencionaron, entre todos, el tratamiento con un célebre oftalmólogo francés que le curó completamente. 

 Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons

6 comentarios:

Mercedes dijo...

Hola María Rosa, qué bien que hayas recuperado tu serie sobre las estatuas. Y lo haces con un completo y emotivo recorrido por Campoamor. La escultura del Retiro es una maravilla, siempre que paso le hago fotos, con esos preciosos detalles... ahora ya conozco la historia, ¡gracias a ti!

MariaRosa dijo...

En realidad todo lo que nos rodea nos habla, otra cosa es que entendamos su "idioma"...nos hablan los árboles, las piedras, los edificios...y las estatuas. Me alegro que te guste esta serie y que Campoamor te resulte ahora más próximo.

Anónimo dijo...

María Rosa estupenda entrada. Tengo que ir al Retiro para ver a Campoamor...de jovencito leí sobre todo la carta de amor de un largo poema que se llamaba "El tren expreso". Manolo

María Ignacia dijo...

Maravillosa la forma en que acoges a Campoamor: como persona y como poeta. Tus fotos de las esculturas. sobre un fondo de árboles con hojas anaranjadas, otoñales, son un trozo de poesía. Y, al dirigir nuestra mirada, señalando con tu dedo -y con tu sensibilidad- un punto luminoso, nos haces crecer en capacidad de observación y ensanchas nuestra realidad. ¿Cómo hacerte llegar nuestro gozo y agradecimiento?

Un libro reciente (2015) también incluye la estatua de Campoamor en sus páginas. Su título: Estatuas y monumentos de Madrid. Su autor: Luis Manuel Fernández Pereantón.
Su editorial: La Librería.

María Ignacia

MariaRosa dijo...

No dejes de ir al Retiro Manolo y visitas a Campoamor... Y recuerdas aquello de "Mi carta que es feliz/ pues va a buscaros..."

MariaRosa dijo...

Muchas gracias María Ignacia por tu comentario tan elogioso y gracias también por la información sobre ese reciente libro que aumentará sin duda nuestro conocimiento sobre tantas bellas estatuas como hay en Madrid.