lunes, 28 de marzo de 2016

Salamanca y Unamuno


Cuando salimos de la Casa-Museo de Unamuno nos dirigimos a la calle Bordadores donde se encuentra la casa que ocupó junto a su familia cuando tuvieron que abandonar la Casa-Rectoral, al ser destituído de su cargo de Rector de la Universidad por causa de sus ideas políticas, tal y como nos han explicado en la visita guiada.

Para llegar hasta la citada calle pasamos, como pasaría siempre don Miguel, por delante de la magnífica y siempre asombrosa fachada de la Universidad 




Y un poco más adelante, nos paramos, como él lo haría,  ante el monumento a Salinas (Burgos 1513-Salamanca 1590), que primero fue alumno y luego insigne catedrático de Música de la Universidad de Salamanca, donde coincidió con otro no menos insigne y famoso catedrático, Fray Luis de León, que tanto le apreciaba y admiraba que le dedicó, en 1577, un precioso soneto, que se inicia así: 


El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada,
por vuestra sabia mano gobernada.


Impresiona pensar cuanta sabiduria, conocimiento, arte e inteligencia se han juntado a lo largo de los siglos en esta ciudad y en el entorno de su Universidad.




 Y nos situamos frente a la Casa de las Conchas

desde cuyo claustro alto nos parecerá poder tocar las poderosas torres de la  Iglesia de la Clerecía, de la Compañía de Jesús, que tiene enfrente


 y que da nombre a la calle (de la Compañía)


que nos conducirá directamente a la de Bordadores

para ver la casa donde (en régimen de alquiler) vivió toda la familia y él,  salvo en sus obligados exilios, y donde murió su esposa en 1934 y él siguió viviendo, hundido por su pérdida,  con una de sus hijas, hasta que murió en ella el 31 de diciembre de 1936.


La casa dejó de ser ocupada por la familia de Unamuno hace años y todos sus muebles y enseres pasaron a la Casa-Museo. Pero, afortunadamente, los nuevos ocupantes  respetaron esa lápida con las últimas estrofas del entrañable poema que a Salamanca dedicó Unamuno:

En esta casa vivió y murió Miguel de Unamuno y Jugo.

                    A mi Salamanca
 Del corazón en las hondura guardo
tu alma robusta; cuando yo me muera
guarda, dorada Salamanca mia,
tú mi recuerdo.
Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama
con tu leguaje, de lo eterno heraldo,
dí tú que he sido.

 

Y allí, frente a la casa, en un lugar muy adecuado, se alza el monumento que levantó en 1968 el gran escultor Pablo Serrano (Crivillén, Teruel 1908-Madrid 1985)


 


Tenemos que volver a Salamanca y seguir conociendo tantos lugares donde los ojos y la presencia de Unamuno dejaron su huella... Ahora, como cierre de este post, y ya que estamos en IV centenario de la muerte de Cervantes mostramos esta otra lápida del III, en la que aparece una mención a la ciudad de la obra "El Licenciado Vidriera" 



 y de la que se hizo eco Unamuno en otra estrofa de su poema "Mi Salamanca"

 La apacibilidad de tu vivienda
gustó, andariego soñador, Cervantes,
la voluntad le enhechizaste y quiso
volver a verte.





Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons



















2 comentarios:

Anónimo dijo...

Salmantina de nacimiento aunque no vivo en esa maravillosa ciudad me ha emocionado ver el cálido homenaje que la estás haciendo a través de la figura de Unamuno. María del Prado

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.