sábado, 18 de diciembre de 2010

Camino Real y Baños de la Isabela (I)


Real Sitio de la Isabela junto al rio Guadiela.
En el interesante Blog artedemadrid que varias veces he alabado desde aquí, se hablaba el otro día de los edificios que en Madrid fueron, y alguno aún es, Casas de Baños... Y esto me ha traído a la memoria otro tipo de Baños, los de aguas medicinales que desde tiempos antiguos alivian los males del cuerpo y que luego fueron por unas causas u otras abandonados... y entre todos ellos hay uno que siempre ha llamado mi atención y he estudiado con detenimiento por su larga, curiosa historia e inesperado final...

Por eso voy a hacer otro paréntesis en la serie de México y España para contar la historia del Camino Real y los Baños de la Isabela. El Camino partía de Madrid (y aún se conservan tramos en su Comunidad) y conducía a los Baños del mismo nombre junto a Sacedón...

1. Su remoto descubrimiento y fama

En Sacedón, en la provincia de Guadalajara, en uno de los valles del río Guadiela, existen unos manantiales de aguas medicinales de gran poder curativo, que fueron al parecer muy conocidas y apreciadas por las tribus celtíberas que las llamaron Santovar (aguas santas); los romanos, se beneficiaron de ellas y las denominaron Thérmidas, en referencia a la temperatura de sus aguas y los árabes las apreciaron tanto que las llamaron Salam-bir, que quiere decir "Pozo de salud".

El doctor Mariano Pizzi (de la Corte de Madrid) tradujo y publicó, en 1761, un controvertido manuscrito árabe que trataba de las aguas medicinales de Salam-Bir, atribuído a un médico de Toledo llamado Agmer-Ben-Ab-Dala del año 1054. Para los musulmanes los baños, en el sentido de higiene y rito, eran de una gran necesidad física y moral; la limpieza del cuerpo y la purificación del alma, constituían una preocupación y así, toda persona pudiente tenía un baño en su casa, y para las clases humildes había baños públicos, igual que había sucedido en Roma.

El rey cristiano, Alfonso VI, achacando la causa de la decadencia tanto romana como árabe al debilitamiento de la raza por los baños y los abusos que en ellos se cometían, dispuso que los cristianos no siguieran tan perniciosas costumbres y probablemente mandó quemar Salam-bir, al igual que había hecho con todas las termas de las tierras reconquistadas.

Tras siglos de abandono, renació la fama curativa de estas aguas a partir de que sus bondades fueran apreciadas por el Gran Capitán que, cerca de ellas, en el Castillo de Santiver, sufría, además del destierro de la Corte fuertes dolores de reuma, para cuyo remedio un pastor, llamado Vengala, le aconsejó bañarse en ellas… Su notoria curación hizo que a partir de ese momento empezaron a ser nuevamente conocidas y valoradas, y se denominó el lugar como Baños de Sacedón, por ser éste el pueblo más cercano.

En 1676 el doctor Infante escribió, Teatro de la Salud. Baños de Sacedón, aclarando que, en ese momento, eran propiedad del Marqués de Montealegre, el cual los había reconstruido para agradecer así la curación obtenida en ellos por un hermano suyo. En la citada obra desarrolló un estudio completo de las propiedades de las aguas y del Balneario en sí. Como el doctor Infante era a la vez médico de la Reina doña Mariana de Austria (madre del monarca Carlos II), aconsejó la utilización de las aguas de Sacedón a la soberana y, al parecer, le fueron muy eficaces aunque el doctor, sin duda por secreto profesional, no nos dice cual era la dolencia.

Otros doctores, don Miguel Ballesteros y don Juan Gayán, por ejemplo, también escribieron sobre las virtudes medicinales de los Baños de Sacedón, pero el espaldarazo definitivo fue su reconocimiento en la obra más fundamental de la hidrología médica del Siglo de Oro español, el libro del doctor Alfonso Limón Montero, catedrático de medicina de la Universidad de Alcalá de Henares, titulado Espejo cristalino de las aguas de España, publicado en 1697 en Alcalá de Henares, aunque había sido finalizado diecisiete años antes.


En esa época el lugar carecía de toda comodidad y las personas que acudían a los baños iban todos los días desde la villa de Sacedón distante legua y media , o desde los pueblos colindantes de Córcoles, Buendía o Huete, en carruajes o a lomos de caballerías.

2. El siglo XIX. El Real Sitio


Y así llega el siglo XIX cuando la villa de Huete, a la que pertenecían en ese momento todos los terrenos que rodeaban los Baños, los cede en propiedad y a perpetuidad a Fernando VII. El monarca había acudido a ellos, en 1814 por primera vez, para tratar su rebelde mal de gota que ya le aquejaba a pesar de su juventud (tenía 29 años), animado por su tío paterno, el Infante don Antonio, que acudía con frecuencia a Sacedón, donde se alojaba, para hacer su cura de aguas. La Gaceta de Madrid, del 30 de julio de 1816, comenta la noticia del buen estado de salud del que gozan Fernando VII y el infante don Antonio en los baños de Sacedón.

A partir de aquí cambió el destino de los Baños, que pasaron a ser Reales y se llamaron de La Isabela, como homenaje póstumo a una reina, de breve reinado y lo que es peor, de breve vida, que fue sobrina y segunda esposa de Fernando VII, doña Isabel de Braganza. Tan bien habían sentado a la reina estas aguas y baños sedantes, y tanto admiró la belleza del paisaje, que convenció a su real esposo para que hiciera un palacio , rodeado de jardines, fuentes y paseos, y un poblado para ochenta colonos que dieran vida y cuidaran las huertas. Las obras se iniciaron en 1817. Pero nada pudo disfrutar doña Isabel de sus resultados, pues murió en diciembre de 1818, de un mal parto, cuando contaba 21 años. Las obras fueron suspendidas, no se reiniciaron hasta octubre de 1824 y finalizadas en enero de 1826 se dio una Real Orden titulando el lugar como Real Sitio de La Isabela.


3. El Real Camino de La Isabela

El Camino que conducía a ellos, también titulado Real Camino de La Isabela, partía de Madrid, desde la Puerta de Alcalá por más señas y pasaba por las Ventas del Espíritu Santo, por los puentes del Arroyo Abroñigal y de Viveros sobre el río Jarama. En Torrejón de Ardoz, por un puente de madera llamado del Marquesito o del Arzobispo, cruzaba el Henares y penetraba en el valle de este río, cruzando numerosos pueblos, hasta llegar al Real Sitio de la Isabela.

Las Diligencias llamadas "Primitivas" de don Ramón Carsi (cuyo despacho estaba en la calle Alcalá nº 32) iban a la Isabela desde aquí los días impares a las doce de la noche y salían del Real Sitio los impares a las dos de la madrugada; las de don José Arpa salían de la Corte un día sí y otro no a las tres de la tarde y llegaba al Real Sitio a las dos de la tarde del siguiente día... Y también estaban las de "Remigio Viñas" que iban a Sacedón y paraban en la Posada del Peine...
La antigua Posada del Peine convertida hoy en hotel junto a la Plaza Mayor


Veinte piedras llamadas "miliarias" (por marcar distancias de mil pasos) señalaban todo el Camino Real marcando en leguas su distancia a Madrid. La última, frente a la casa de Baños, marcaba 19 leguas y media (aproximadamente 105 km).


Siguiendo las indicaciones reales, se construyó un palacete cerca de la casa de Baños, una Capilla, casas de oficios para la servidumbre, caballerizas y una colonia organizada en simétricas manzanas de casas para alojar a labradores y veraneantes, todo rodeado de paseos con frondosos árboles que no permitían pasar la luz del sol, jardines, fuentes y huertas. Un lugar encantador en torno a unas aguas tan beneficiosas que, Manuel Soria, entusiasta escritor alcarreño, en 1758 lo denominó como “tesoro de virtudes sepultado”, en una frase que resultó más premonitoria de lo que él podía imaginarse.

4. Los cuadros de La Isabela

De la belleza y amenidad del lugar dan buena cuenta tres cuadros pertenecientes al Real Patrimonio, que estuvieron en el Real Monasterio de El Escorial pero que, actualmente, se encuentran dos en el palacio de la Zarzuela y otro en el del Pardo. Son de Fernando Brambila, pintor de Fernando VII, y se titulan respectivamente: Vista de la nueva población llamada de La Isabela y de los baños, Vista de la nueva población llamada de La Isabela tomada de la parte de Levante y Vista de la huerta de la nueva población llamada de La Isabela.



5. Fernando VII y el Código Balneario.

Cuentan que en la primavera de 1816, cuando pasaba el Rey unos días en los baños de Arnedillo (Logroño), resbaló en los famosos lodos que allí manan, accidente que a punto estuvo de acabar con la vida del "Deseado". De regreso a Palacio, y todavía pálido del susto, decidió crear por R.D de 29 de junio, el Cuerpo de Médicos de Baños, al que se ingresaba por oposición, haciéndoles responsables de las aguas minerales y de los lodos. Las disposiciones del llamado Código Balneario permanecieron vigentes durante más de medio siglo. Fernando VII tuvo siempre mucha fe en la cura hidrológica y se rodeó de buenos profesionales en esta rama médica, lo cual estimuló el interés científico por ella.

La cuarta esposa del rey Fernando, la reina María Cristina, también acudió a La Isabela llevando a su pequeña hija, la futura Isabel II , buscando alivio para el eczema que tenía en las manos. Debió quedar a la soberana un buen recuerdo de la placidez y belleza del lugar pues, a doña María Cristina Muñoz y Borbón nacida el 19 de abril de 1840, quinto fruto de su morganático matrimonio con don Fernando Muñoz y Sánchez, le concedió el título de marquesa de La Isabela.

6. Otras descripciones de La Isabela

En el año 1846 Don Basilio-Sebastián Castellanos, escribió un entrañable y delicioso libro titulado La Isabela. Manual del bañista, que se vendía a cinco reales en los despachos de las diligencias de la empresa Carsi de Madrid y en Real Sitio y que, entre otros muchas curiosidades, describe el camino de La Isabela, y detalla los emplazamientos de las veinte piedras, que él denomina miliarias, e incluye un romance que, recitaba y vendía en la propia Isabela, un ciego de Huete, llamado Pedro Soriano, en el que se da razón de su origen y fundación, así como de la excelencia de sus aguas y las enfermedades que curaban...En otra entrada lo incluiré pues es digno de conocerse.

Y también contamos con la pormenorizada descripción hecha por don Pascual Madoz en su famoso Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España en 1847.

En el año 1876, según reflejan las Memorias anuales (los médicos de los Baños tenían obligación de elaborar Memorias científicas y estadísticas de cada temporada; de La Isabela hay unas 50 Memorias), los Baños pertenecían a don José de Fontagno y Gargollo que los reformó totalmente, haciéndoles de hierro esmaltado e individuales, editando incluso publicidad para darlos a conocer. También modernizó el alojamiento y facilitó, por medio de coches, combinados con el ferrocarril, el viaje de Madrid a la Isabela.

Consecuencia de ello es sin duda la cifra de 959 bañistas señalados por la estadística del año 1878, predominando las personas afectadas de problemas del sistema nervioso. Las propiedades sedantes de las termas están suficientemente probadas por ser sus aguas radioactivas.

A partir de este año se va iniciando un lento y paulatino descenso de la concurrencia a los baños que, no obstante, aún guardan el suficiente encanto para lograr que Don Gregorio Marañón se refiera con entusiasmo a ellos en el prólogo a la obra del marqués de la Vega Inclán, nuevo propietario de los baños que, en 1931, publicó un folleto muy cuidado sobre La Isabela. El prólogo del doctor Marañón por sí solo, constituye un magnífico ensayo: Sobre la necesaria reconstrucción de los balnearios de España.

Dice el doctor Marañón:
me es grato volver sobre este tema predilecto a propósito de las aguas de La Isabela, por las que de antiguo he mostrado especial predilección (...). Están a un paso de Madrid, su emplazamiento es delicioso, con esa delicia aguda del oasis, tan frecuente en España (...). Yo he pasado horas de paz inolvidables bajo los negrillos de La Isabela y quisiera que la recobrasen allí cuantos la han de menester, que son tantos y tantos”.

 
7. El siglo XX. El final

Llegó desgraciadamente la guerra civil en julio de 1936. Las instalaciones de La Isabela se convirtieron en cuarteles y alojamientos para evacuados del ejército de la República y cuando terminó la contienda ya nadie pensó en reconstruir aquel deteriorado “pozo de salud”: según los planes de la Confederación Hidrográfica del Tajo, todos aquellos terrenos se iban a expropiar para ser anegados por un gran embalse que, bajo muchos metros de agua, sepultaría, para siempre, el pueblo de Santa María de Poyos, y el Real Sitio de La Isabela con su rico manantial.

Se aprobó el proyecto en diciembre de 1941 y se iniciaron las obras en 1946. En 1950, los últimos habitantes de aquel lugar único tuvieron que abandonarlo, es fácil imaginar que con el corazón destrozado. El profesor Castillo de Lucas en su imprescindible obra titulada: Thermidas, Salmbir, Sacedón, La Isabela, en 1955, nos relata que fueron despedidos por las autoridades y acompañados por el propio gobernador civil de Guadalajara, don Juan Casas, hasta el nuevo punto de residencia, dispuesto por el Instituto de Colonización, en el coto de San Bernardo, partido judicial de Peñafiel, provincia de Valladolid.

Así desaparecieron sus habitantes y unos años después, en 1958, todo el encantador lugar de La Isabela quedó definitivamente sepultado bajo 30 m. de agua.

La portada de ABC del martes 15 de julio de 1958 estuvo dedicada a la inauguración del sistema Entrepeñas-Buendía


Pinchar dos veces para ampliar

El Camino Real, poco a poco, por falta de utilización también quedó sepultado en el olvido. Sólo un pueblo, Villalbilla, de la Comunidad de Madrid ha conservado su nombre, su trazado, y la piedra marcada en leguas: exactamente 6 leguas y 1/2.




8. El Real Sitio en la actualidad

Cuando bajan las aguas del Pantano de Buendía aparecen los restos del Real Sitio...Y yo he tenido la gran suerte de poderlos visitar, de andar entre sus piedras varias veces y os aseguro que es una emocionante experiencia...

Fue muy difícil su localización en 2002... Primero hubo que encontrar el monumento fotografiado en 1958 en el ABC y que ahora está prácticamente oculto por los árboles y con su entorno en estado de abandono


Desde allí parte un largo camino en cuyo inicio una oculta piedra señala su destino




Cuando ya desesperas de encontrarlo aparece como un sueño, casi no te lo crees... treinta metros de agua por encima durante casi cincuenta años no han podido borrar del todo sus huellas,





ni la de los frondosos árboles que hacían tan amenos sus paseos y jardines

En el año 2006 que fue la última vez que estuvimos por allí ya encontramos pescadores que nos indicaron donde seguía brotando el manantial de las aguas curativas...¡¡y hasta bebimos de ellas con toda ilusión y nos sentaron muy bien!!






En otra ocasión ya contaré mas cosas del tramo del camino que aún existe y que se sigue llamando "Camino de la Isabela" y de otras curiosidades de esta singular historia...


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

11 comentarios:

Mercedes dijo...

¡Qué maravilla María Rosa! eres increíble. Me ha ido emocionando según iba descubriendo, solo leyendo, imagino lo que debió ser descubrir todo esto de verdad. Enhorabuena, es una historia absolutamente desconocida para mí, y muy interesante.
Y gracias por tu mención, otra vez.
Fantástico complemento al tema de los Baños.

Anónimo dijo...

Tu blog personal, es un pozo de sabiduría y curiosidades, mis felicitaciones.
Luis

Anónimo dijo...

¡¡FELICIDADES!!!
A.

Anónimo dijo...

¡Vaya relato interesante, curioso, desconocido!Cuantas historias habrá en torno a este lugar. Donan

Nancy Velasquez dijo...

Soy pintora y sus fotos me encantaron es como viajar,es un recorrido fascinante que rico poder recorrer todos esos citios,sus fotos tienen sencibilidad,tienen vida.

MariaRosa dijo...

El que una pintora encuentre sensibles mis fotografías es algo que me emociona, así que Nancy muchas gracias por tu generoso comentario.

Ricardo dijo...

Hola, María Rosa. Comenzaré felicitándote por tus maravillosos artículos relativos al Real Sitio de La Isabela y Baños de Sacedón. A raíz de leerlos, aparte de pegarme el paseo en moto por el camino real, emprendí mi propia investigación.

He descubierto un par de datos que tú no tienes. Como lo poco que sabemos, lo sabemos entre todos, te paso un enlace que completa aún más (si cabe) tu información.

Resumiendo: los baños se pusieron bajo protección real en 1805, y de esta misma fecha data la orden de construir el nuevo camino real.

La información la tienes más explicada en este enlace (mi blog):

http://www.myspace.com/ricardosanzytur/blog/544540252

En tu blog hablas (1.º artículo) de la Gaceta de Madrid del 30 de julio de 1816; la que yo te pongo es del 21 de junio de 1805 (11 años antes). Si te animas, me permito sugerirte reeditar tu primer artículo y añadir esa información en el punto 2: "El siglo XIX. El Real Sitio" (¡así alguien tiene centralizada toda la información!). Pero haz como veas.

Poco usuales, hay personas que disfrutamos mucho con blogs como el tuyo.

Sigue por este camino. Cuídate mucho. Un abrazo, Ricardo.

Anónimo dijo...

Bienaventurados los que pueden leer tus artículos, María Rosa. Este Camino Real y Baños
de La Isabela es uno de los que más me ha interesado. Tu atractiva manera de contar
uniendo el dato histórico -bien fundamentado y seleccionado-, a una exposición clara hace
que tu artículo erudito y serio esté lleno de gracia y facilidad. Sobre La Isabela he leído "La
memoria del agua", de Teresa Viejo, donde describe, los paseos, jardines y sus fiestas.
Carmen Martín Gaite también escribió un relato corto, "El balneario", ambientado en la toma
de aguas. ¡Preciosa entrada esta de tu blog!
María del Carmen Garcia Estradé

Paloma Torrijos dijo...

Cómo se puede ir de Sacedón a La Isabela

qué camino tomar desde el pueblo lo que queda del Balneario cuando el agua del pantano esta baja

Paloma Torrijos dijo...

Cómo se puede ir de Sacedón a La Isabela

qué camino tomar desde el pueblo lo que queda del Balneario cuando el agua del pantano esta baja

Rosario Valenzuela Generoso dijo...

Hace unos años (en otra época de sequía anterior, cuando el pantano estaba en una de sus históricas bajadas) se encontraron por aquella zona huesos humanos (fémures, calaveras) rodando por el piso. Entonces supuse que eran restos de algún cementerio sepultado por el agua que salieron a flote con la sequía; aunque tenía entendido que los antiguos habitantes de los pueblos inundados recuperaron los restos de sus familiares de los antiguos cementerios y los enterraron en los nuevos aguas arriba. Años más tarde, en un programa de televisión denunciaron este mismo hecho: la aparición de restos humanos. Los enterramientos encontrados a pocos metros del lugar llamado la Isabela eran un tanto especiales: había restos de varias personas en el mismo hoyo y en posturas incoherentes con un enterramiento habitual. Los analizaron y eran de la época de la guerra civil. En él se dio a conocer que estas instalaciones sirvieron durante esta época, en última instancia, como centro psiquiátrico y de otras índoles. Apenas había medicación y varias personas morían diariamente por infecciones y otras afecciones y eran enterrados en fosas comunes, incluso por otros pacientes. Mas tarde, como todos sabemos, el agua sepultó toda esta pesadilla y a día de hoy no sé en qué estado se encontrarán estas ulteriores investigaciones. Tal vez este último olvido de este lugar haya sido para tapar estas miserias, consciente o inconscientemente. Si alguien tiene recursos para realizar más averiguaciones, ruego nos las comunique. Gracias