martes, 20 de diciembre de 2016

Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad




Las Médulas son consideradas desde 1997, como Patrimonio de la Humanidad en base a:
El genio creativo humano, el intercambio de valores, el testimonio de tradición popular y la importancia en la historia de la Humanidad.
 Las Médulas son un punto clave - junto al lago de Carucedo y el valle de Corullón - de la pródiga y hermosa comarca leonesa, cercada por altas montañas, que es el Bierzo.



A unos 25 Km. de Ponferrada camino de Orense, una vez pasado el pueblo de Carucedo con su romántico y legendario lago, un desvío nos conduce a un lugar totalmente excepcional. Desde el Mirador, situado en el pueblo de  Orellán, los ojos descubrirán asombrados, en toda su extensión, un paisaje de tierras convulsionadas y rojizas que a nada se parecen. Son las Médulas. Este fue el lugar elegido por los romanos a finales del siglo I de nuestra Era para, durante casi doscientos años, extraer miles de kilos de oro,  con destino al mantenimiento de su dilatado Imperio.


El procedimiento utilizado para esta grandiosa obra por los ingenieros romanos - leemos en publicaciones de la Junta de Castilla y León - fue el denominado “ruina montium” (ruina de los montes), consistente en introducir grandes cantidades de agua, por una estudiada red de galerías previamente labrada en el interior de la montaña, con el ingente esfuerzo de miles de esclavos (sesenta mil según el acreditado testimonio de Plinio el Viejo, en su  libro de Historia Natural del año 70 d.d.C.), muchos de los cuales encontraron aquí la muerte. Aunque en este punto, de si eran esclavos u hombres libres, no todos los autores coinciden; siendo lo más probable que hubiese gran número de ambos,


El agua, que procedía de multitud de riachuelos nacidos en los Montes Aquilianos y en la sierra del Teleno, era conducida por medio de canales, a veces excavados en la roca, a la parte superior de la explotación donde se contenía en grandes estanques para ser bruscamente liberada. Al pasar por las galerías provocaba enormes y estruendosos derrumbes, arrastrando así las tierras auríferas hasta los lavaderos, donde tenía lugar la recogida del oro. 


Luego, el mágico metal seguía dos rutas: la Vía Augusta, que comunicaba Astorga con Tarragona, donde se embarcaba rumbo a Roma, o la Vía de la Plata, que se dirigía a Mérida, alcanzando el mar después de una travesía por el Guadiana.

Al abandonarse la explotación minera, una vez que los romanos agotaron totalmente el oro, se fue cubriendo la zona por los castaños  y los robles, y el paisaje adquirió, a través de los siglos, el sobrecogedor e inolvidable aspecto actual.


Abandonada la explotación en el siglo III, regresó la vegetación autóctona: robles, escobas, encinas y carrascas. A la vez se expandió el cultivo del castaño, del que hoy pueden verse numerosos ejemplares en el parque, creandose  un entorno espectacular 
Es importante contactar con la Fundación de las Médulas
 para poder organizar bien la visita a tan especial lugar.

 Las mejores descripciones del paisaje berciano, las hizo, a juicio nada menos que de Azorín, un escritor hoy olvidado llamado Enrique Gil de Carrasco en su novela “El señor de Bembibre” en 1884. 


El ya mencionado Lago de Carucedo tiene un origen artificial, ya que fue construído para evitar que el río Sil se obstruyera con las enormes cantidades de arcilla arrastradas desde la explotación aurífera... pero, una vez más, la leyenda embellece la más árida realidad y la leyenda en este caso cuenta que el lago se formó con las lágrimas derramadas por una joven enamorada, sin esperanza, durante largos años del general romano Tito Carisio... Y, cuenta también que la noche de San Juan ella vuelve a la superficie del lago en busca de su amado, mientras peina sus largos cabellos y canta una melancólica canción.


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