sábado, 11 de marzo de 2017

Chillida-leku




Cuando en el anterior post hablaba de las playas del Cantábrico, que estaban sufriendo fuertísimas tempestades, recordé a San Sebastián y su impresionante "Peine del viento" de Eduardo Chillida. Tres esculturas de acero, de 10 toneladas de peso cada una, incrustadas en unas rocas en el extremo de la bahía de la Concha, al final de la playa de Ondarreta, desde 1976.




La obra arquitectónica la realizó Luis Peña Ganchegui arquitecto nacido en Oñati en 1926 y fallecido en San Sebastián en 2009. Y ya que estamos por Guipuzcoa nos detendremos un momento en este monumental lugar, que entre otros muchos monumentos notables del XVI cuenta con la Universidad Sancti Spiritus, y con la iglesia de San Miguel con su curioso claustro sobre el río Ubao.




E iremos al Santuario de Aránzazu, a 9 Km. de Oñati, espectacular Basílica construída a mediados del pasado siglo, proyecto de los arquitectos Sáenz de Oiza y Luis Laorga, que contó para su fachada principal con los escultores Jorge Oteiza (Orio, Guipúzcoa,1908 - San Sebastián 2003) y su original apostolado



y con Chillida (San Sebastián1924-2002) para las puertas de acceso.


Una buena fotografía de dos de las cuatro puertas que Chillida hizo para el Santuario. Del blog del Santuario donde pueden verse muchas y buenas fotos del mismo.

Para comprender bien a estos dos grandes escultores vascos, es muy recomendable leer este texto de Miguel Ballarín 
 y así comprender como a ambos, al igual que a los filósofos, desde el clasicismo socrático, les han interesado los espacios vacíos -es una sutil pero constante consigna- siempre buscando ese “espacio vacío” como punto de partida para el ser, más aún, para el ser humano.

Y ya nos vamos hacia el caserío de Zabalga, convertido en
Chillida-Leku, en el "Lugar de Chillida", un lugar maravilloso en las inmediaciones de Hernani, provincia de Guipúzcoa. Se inauguró en el año 2000, pero en 2010 se cerró, según dijeron, por causa de la crisis económica.Tuve la suerte de poder disfrutarlo en dos ocasiones antes de su cierre...Y cuando en el pasado 2016 anunciaron que pronto se re-abriría fue sólo una falsa "buena-nueva"... pues cerrado sigue.




 Chillida Leku es un típico caserío vasco, del siglo XVI, lugar del que el artista se enamoró (¡y no me extraña!) rodeado de prados de intenso verdor que puedes pisar y en los que se encuentran hasta 40 esculturas del artista, que no sólo puedes, sino que "debes" tocar.

  Pudimos ver en Madrid en el Museo Reina Sofía  la gran exposición de 1998/1999, con más de 140 obras suyas...pero el verlas en Chillida-leku tenía un encanto especial.

 

El espacio interior del caserío es de una simplicidad muy complicada en piedra y madera de roble, obra personal del artista para cobijar su obra. Allí se acogen obras  más pequeñas, dibujos, y sus primeras esculturas. Recuerda a la antigua ermita, la de la virgen de la Antigua, en Zumárraga, que ya hemos visitado… 




 Allí te das cuenta de que Chillida no era sólo un escultor, era realmente un filósofo... Y que la belleza del espacio físico es tal, que sus gigantescas esculturas o, mejor dicho, formas que realzan el vacío que queda entre ellas, transmiten serenidad y fe en el ser humano, que es capaz de manejar tan bellamente estos, por otro lado, no muy agraciados materiales. 


 La suma de los verdes campos, las hayas, robles y magnolios que los rodean y envuelven, transfiguran las obras con sus variados colores a cada instante y les trasmiten vida. 



Ojalá vuelva a abrise pronto y podamos disfrutar nuevamente de Chillida-leku.


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